Agustina la rezadora

Autora:  María Chacón Eduarte.

¿Quién fue Agustina?

Muchos te recordarán como la rezadora de fe inquebrantable: mujer de rezos largos, de corridos cantados a pulmón abierto y de verdades descalzas.

Esta es la historia de una mujer sencilla, olvidada por muchos, pero jamás borrada de la memoria.

Como un endeble y difuso rastro de la mujer recia y maciza que fue alguna vez, alejándose por el camino a paso lento y vacilante, vencida por el cansancio, avanzaba doña Agustina; con los pies resentidos por el peso de los años y el trabajo duro sostenido durante toda su vida.

Solía vestir con estricta pulcritud.  Su espalda dibujaba una pronunciada curvatura que marcaba su silueta y, a su paso, dejaba un tenue aroma a agua de rosas, proveniente del botecillo que había comprado años atrás y que aún conservaba con gran recelo, a pesar de las limitaciones.

Los domingos salía de visita a casa de su hermana y, de vez en cuando, era contratada como rezadora. Su rezo era de antaño, a todo pulmón, colmado de cantos, ruegos incansables y responsos; tan prolongado que terminaba por vencer el cansancio de más de un devoto. Nunca cobró, lo hacía por mérito propio y dejaba a conciencia el reconocimiento que quisieran ofrecerle en señal de pago.

Durante los rezos del rosario nunca faltaba el bizcocho casero, el café chorreado, el tamal de elote y algún picadillo de papa o arracache, que se compartían al final entre murmullos y agradecimientos.

Agustina también se había dedicado a hacer corridos, como remembranza de sus tiempos mozos, subida en tarimas proselitistas durante campañas electorales, allá por el año de 1953. Así fue como se convirtió en una destacada declamadora, acostumbrada a recitar extensos corridos y poesías de su propia autoría, con gran facilidad y agrado para quienes la escuchaban.

Era una mujer de espíritu alborozado, alegre y optimista, independientemente de las adversidades que estuviera atravesando. En sus momentos de soledad escuchaba canciones de Javier Solís, Bienvenido Granda y otros famosos de su tiempo; y los domingos, en el baile de La Polilla, en el Parque Central de Alajuela, era siempre la primera en salir a la pista, como una bailadora incansable, aun con todo y sus achaques.

Vivió sola en su casita, en algún barrio de Alajuela; sostenida apenas con lo indispensable. Así vivió Agustina, ayudando, aunque pareciera imposible, a quien pudo, aun cuando se sacara el propio bocado de la boca, sin más sustento que la caridad, la divina providencia y una pensión del Régimen No Contributivo, que se le esfumaba a medio mes.

Había criado tres hijas naturales. Todas crecieron, se marcharon y formaron un hogar, enfrentando los mismos apuros económicos de tantos matrimonios envueltos en las fatigas de la crianza y esa rutina diaria que apenas les permitía ofrecerle ayuda o compañía.

Así fue como pasó Agustina los últimos años de su vida, en una casa sencilla, escuchando música ranchera en compañía de su lora, que llenaba el silencio con su voz.

 “Agus dame amor” repetía la lora, “Agustina, Agustina”

Fue su única compañía, pues muchas de sus amistades y familiares habían fallecido, y otros se fueron distanciando con el tiempo. La lengua de Agustina era muy franca y no a todos les agradaba que les señalaran las faltas de frente. Decía la verdad sin tapujos, aun cuando incomodara, y en ocasiones la aderezaba con exageraciones nacidas de su imaginación, como quien agrega rabo y cola a una historia, más por el gusto de contarla que por la intención de herir.

De cuando en cuando recibía alguna visita, a la que atendía con esmero, ofreciéndole un pedazo de pan casero ya entrado en días, que sacaba de la estufa sin reparar en su estado. En sus ratos de ocio se la pasaba escuchando canciones rancheras o viendo algún programa nacional en un televisor antiguo, ubicado en la esquina de la pequeña sala. Al caer la noche, se le escuchaba en ferviente oración, prolongada durante horas.

Hacía tiempo que demandaba cariño, aceptación y buen trato, con la esperanza de ser asistida en la vejez. Con los años, su visión se fue volviendo más borrosa y sus manos más lentas, marcadas por los dolores persistentes en los hombros y las articulaciones.  Aun así, lo que encontraba era indiferencia.

Una noche en que la soledad le pesaba más de lo habitual, decidió visitar a una de sus hijas,  con la esperanza de que la invitara a pasar, le ofreciera un café caliente y algunas palabras de afecto. La visita, sin embargo, derivó en una discusión, cargada de reproches antiguos. La alteración fue tal que su hija sufrió una descompensación que obligó a pedir ayuda de urgencia.

Minutos después se escucharon sirenas de patrullas que acudieron al lugar, en medio de la confusión.

En cuanto Agustina escuchó las sirenas, se alejó con premura entre las sombras del vecindario, mientras los ladridos y aullidos de los perros se alzaban en medio del ruido. Agustina terminó cayendo rendida rodeada por los oficiales, y así concluyó el escape.

Pues no había tal persecución, fue solo un malentendido. Tras escucharla con atención, los guardias la dejaron en libertad, obsequiándole un puñado de monedas y billetes que reunieron, luego de oír también algunos ingeniosos corridos y versos que Agustina recitó con gran soltura y desenvolvimiento.

Así regresó a su humilde casa, agotada pero contenta, con lo suficiente para un café caliente y unos bollos de pan casero, satisfecha por los corridos que recitó con tanta gracia.

¡Cómo cuesta con los hijos, una vez criados… hijos criados, trabajos redoblados!, murmuraba Agustina, sentada en su cocina, envuelta en la penumbra de la noche, y sonriendo al escuchar de nuevo la voz de su innegable amiga, la lora, repitiendo: ¡Agustina, dame amor!, ¡Agustina, dame amor!

4 respuestas a «Agustina la rezadora»

  1. Avatar de alwaysmangod448b9ad63
    alwaysmangod448b9ad63

    La felicito por su calidad narrativa, por la originalidad y el sentido humano del argumento y sus descripciones interpretativas. El relato es muy entretenido, y nos permiten seguir recordando un personaje que dió mucho de sí para ayudar a otros.

    Adelante con su talento!

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    1. Avatar de ajporras5211ff5196
      ajporras5211ff5196

      Gracias por su comentario

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  2. Avatar de Daniel
    Daniel

    Hermoso cuento

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    1. Avatar de ajporras5211ff5196
      ajporras5211ff5196

      Excelente

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